jueves, 15 de noviembre de 2007

Hoy...

Hace un rato leía algunas cosas que había escrito hace casi una año, y recordaba las sensaciones que esas palabras causaban en mí. (http://www.hi5.com/friend/profile/displayJournal.do?ownerId=88537162&offset=0).

Es interesante como nosotros mismo creamos situaciones de las cuales luego nos es difícil salir, o de las cuales simplemente no deseamos salir.

Para algunos estas situaciones son ideales o al menos son mejores que sus alternativas, para otros son inevitables y en el peor de los casos, son el deseo de algún "ser superior" que pareciera entretenerse con la manera es que se explica o no su existencia.

En mi caso, recuerdo ese sentimiento de incapacidad, frustración e impotencia, que abrazaba cada uno de mis sueños y los arrastraba al fondo de basurero de la inmadurez y el egoísmo.

Esa sonrisa de resignación, que se dibujaba en mi cara, robandole espacio a las lagrimas y que me mantenía a flote ante los demás y ante mí mismo hoy sigue en el mismo lugar, esta vez más arraigada.

La vida ha dado giros interesantes, como es de esperarse, y me ha brindado oportunidades que hace un año no vislumbraba.

El amor que dí, no lo recuperaré, y nunca lo entregué con esa intensión. Hoy sigo amando, deseando, queriendo y preocupandome por dar lo mejor de mí para quienes están a mi lado y aúnque parezca que no es lo mejor, guardo un espacio para querer, inclusive, a los que ya no están.

Hoy tengo un panorama igual de oscuro y complicado, como ya se ha hecho costumbre en mi vida, que el de hace un año. Ya sobreviví a ese y preparo maquinarias para enfrentar el que recien aparece.

Mi nena!

Como una noche de verano en la playa, con la brisa del mar susurrandote al oído y con las tenues insinuaciones de millones de estrellas que luchan por protagonismo nocturno, con una luna llena imponente.

Como el fresco rocio de la mañana y el verdor de la pampa al final del invierno, como el azul del cielo o del mar que lo refleja acariciando la costa.

Como el sueño que deseaste se convirtiera en realidad y que fue tomando forma de la manera menos esparada, como la satisfacción de alcanzar ese sueño y empezar a soñar de nuevo.

Como la dulzura del verdadero primer beso, o el papaloteo de mariposas en el estómago ante la cercanía de ese primer amor juvenil.

Como el temor de lo que vendrá y la esperanza de un mejor despertar.

Como el calor de tu hogar de infancia, de los abrazos de la abuela, del desayuno para ir a la escuela, del regazo de mamá y de tu cama en la mañana.

Cientos de sensaciones, miles de sentimientos, millones de maneras para expresar la forma en que imagino, siento y amo a la niña de mi vida...

Te amo hija mía...